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lunes, 22 de octubre de 2007

La soberanía de uno solo

Jesús Orlando Perozo

“La fuente de la legitimidad es el sufragio libre de los pueblos, no el eco de un motín ni la expresión de unos amigos”.

Simón Bolívar, Santa Marta 1830

El concepto de soberanía deriva de la expresión summa potestas, que significa poder supremo o incontrastable; o sea, la facultad con la que el pueblo cuenta para conseguir su autodeterminación, así como para decidir y modificar con libertad la manera con la cual se pretende gobernar. En su sentido moderno, la soberanía se explica en dos aspectos: interno y externo. En su aspecto interno la soberanía se entiende como sinónimo de supremacía; mientras que en su aspecto externo equivale a independencia.

Según establece la Constitución que nos rige actualmente, la soberanía reside esencial y originariamente en el pueblo; todo poder público dimana del pueblo y se instituye en beneficio de éste. La soberanía se encuentra íntimamente ligada al concepto de Estado. Donde no hay soberanía no hay Estado.

Con el tiempo y las circunstancias la ubicación de la soberanía ha cambiado. En principio la Soberanía residía en Dios, quien la delegaba en el Rey, como su representante en la tierra; después la soberanía pasó a residir en el gobierno, en el pueblo.

La soberanía en Venezuela se ejerce a través del sufragio, es decir del voto. Establece el artículo 63 de la Constitución vigente que el sufragio es un derecho. Se ejerce mediante votaciones libres, universales, directas y secretas. La ley garantizará el principio de la personalización del sufragio y la representación proporcional.

Votación libre supone decir sin presiones ni intimidaciones; universales, que pueden votar todos, hombres y mujeres, ricos y pobres, cultos y analfabetos; directa quiere decir que se eligen directamente los representantes que van a actuar en nombre del pueblo, sean diputados o el Presidente, etc.; secretas quiere decir que el voto no debe ser revelado. La personalización, que hay que designar el nombre y apellido del elegido por el votante, es decir, que no se vota por planchas; representación proporcional implica que las minorías también tienen derecho a obtener algún representante aunque la cantidad de votos no haya llegado al mínimo necesario para ganar las elecciones.

El fundamento del sufragio está basado en el derecho que asiste a todo ciudadano de ser gobernado por las autoridades por él elegidas y de no pagar más que los impuestos consentidos. Principio este último consagrado ya por la Carta Magna, en Inglaterra, en 1215. El día en que se reconoció que el poder no constituía el privilegio de determinada casta o de ciertas familias, es decir que los gobiernos debían ser elegidos por el pueblo, tuvo lugar la emancipación de las naciones, quedando cimentado el imperio de la razón.

Aclarado lo anterior, entonces es oportuno destacar que quien gobierna definitivamente en una república es el elector, es decir, el votante. De allí la importancia y la gran significación de que los ciudadanos con capacidad jurídica para elegir, voten. Las personas que son llevadas a los cargos administrativos, legislativos, judiciales, electorales y del control moral, o de comando de una nación, no representan ni obedecen sino a la voluntad de los electores. Esa voluntad, reconocida teóricamente por todos, no se exterioriza sólo en el momento de dar el voto. Está permanentemente evidenciada y el elector conserva su autoridad en todo momento. Es el único poder estable e inmutable. Los gobernantes no son sino los representantes de ese poder y obran por mandato del pueblo.

Ahora bien, el artículo 136 de la pretendida reforma constitucional crea un cuarto poder, verticalmente hablando, cuando en su primer párrafo establece que “El Poder Público se distribuye territorialmente en la siguiente forma: el poder popular, el poder municipal, el poder estatal y el poder nacional”, siendo lo más grave e inaceptable, cuando más adelante, al referirse al poder popular, el citado artículo señala: “Este no nace del sufragio ni de elección alguna”, es decir, se pretende acabar con la institución del voto, de la soberanía de la cual hemos hecho referencia y se violenta totalmente uno de los Principio Fundamentales consagrado en la Constitución vigente, que en su artículo 5 preceptúa: “La soberanía reside intransferiblemente en el pueblo, quien la ejerce directamente en la forma prevista en esta Constitución y en la ley, e indirectamente, mediante el sufragio, por los órganos que ejercen el Poder Público. Los órganos del Estado emanan de la soberanía popular y a ella están sometidos.”

En consecuencia, podríamos decir que la soberanía, que reside en las manos de los 27.483.208 ciudadanos y ciudadanas que habitamos nuestro hermoso país (INE 2007), pasaría a estar en las manos de un solo hombre, las del Presidente de la República; y para confirmar tal trampa que se nos está montando, solo basta irnos un poco más adelante, al artículo 236 de la pretendida reforma, que acerca de las atribuciones y obligaciones del Presidente o Presidenta de la República, en su numeral 3 establece: “Crear las Provincias Federales, Territorios Federales y/o Ciudades Federales según lo establecido en esta constitución y designar sus autoridades, según la ley”. En conclusión, la soberanía en un solo dedo no solo constituyendo estas nuevas figuras de la llamada geometría del poder, sino también los consejos obreros, los consejos campesinos, los consejos estudiantiles y otros entes que señale la ley, conforme lo contiene al final, el mismo artículo 136 de la reforma que crearía el poder popular.

Seríamos capaces los venezolanos de autodespojarnos del privilegio constitucional de elegir a quienes nos gobiernen, a fulanos vicepresidentes y otros funcionarios que significan la muerte técnica de alcaldías y gobernaciones, al estar por encima de ellas. Aceptarían los 4 millones de caraqueños volver al pasado, desprendiéndose del derecho de elegir a quienes les gobiernen, para que de nuevo sea el dedo de un hombre quien se los imponga. Serían capaces los trabajadores, nuestros campesinos y estudiantes de permitir el despojo de la libertad sindical, de acabar con sus gremios naturales. Amanecerá y veremos. Por favor, lee ese mamotreto de proyecto de reforma, enlaza unos artículos con otros y escudriña la gran cantidad de leyes y derechos que afectaría. NO dejes morir nuestra democracia ni los derechos conquistados.

(Artículo publicado en la página de opinión del Diario Última Hora, Acarigua Edo. Portuguesa)

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